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Los niños

El niño que presenta alguna o varias de las discapacidades mencionadas en este aparte, es evaluado en nuestra institución de manera integral, y de acuerdo a los resultados obtenidos, se diseña para él un programa único, personalizado y flexible de intervenciones terapéuticas, que prioriza sus necesidades más urgentes. El proceso de habilitación en Crisálida, lleva implícito un continuo diagnostico, desarrollo y evaluación.

 

Lo ideal es que la intervención terapéutica se inicie en forma precoz, es decir a partir del momento en que se confirma el diagnostico, o mejor aún, desde el mismo instante en que se sospecha que el infante es un niño en riesgo neurológico, y puede presentar un desarrollo lento y/o inadecuado. Pasado este lapso de tiempo los resultados no serán tan halagadores. Dicha atención debe mantenerse en forma constante, y prolongarse hasta tanto se obtenga el máximo de maduración que el niño pueda alcanzar según sus condiciones morfofisiológicas, o mínimo, hasta lograr un buen nivel de autonomía e independencia.

La estimulación dirigida precozmente acerca más al niño a su entorno y acelera el aprendizaje. No pretendemos que este programas cure una discapacidad, pero definitivamente tienen un valor incalculable en la configuración de la identidad del niño.

Los recién nacidos convencionales tienen al nacer miles de millones de células cerebrales o neuronas, entre las cuales se establecen conexiones llamadas sinapsis, que al entrar el niño en contacto con la estimulación exterior, se multiplican rápidamente. Estas sinapsis dan lugar a estructuras funcionales en el cerebro, que van a constituir la base fisiológica que permite configurar las condiciones para el aprendizaje. Cuando el niño discapacitado nace, o incluso, en el útero, mientras el cerebro comienza su formación, estas posibilidades de conexión se dan dentro de un proceso lento, al no tener las neuronas un desarrollo normal. A partir de ese momento la capacidad de desarrollar nuevas sinapsis, empieza una carrera contra reloj, y en la mayoría de los casos va disminuyendo; a partir de los 5 o 6 años, las posibilidades van a ser casi nulas. En los niños convencionales este espacio de tiempo va hasta los 8 años de edad.

El desarrollo cerebral, es particularmente sensible a los factores del medio ambiente. Esto hace que las condiciones a las cuales se ve sometido el niño, tengan un efecto inmediato en las funciones y cualidades motoras, intelectuales y psícosociales. Si las condiciones son favorables y estimulantes, esto tendrá repercusiones inmediatas en el aprendizaje; si son desfavorables o limitadas, actuaran de manera negativa perjudicando el desarrollo, a veces de forma irreversible.

Todos los seres humanos nacemos con unas determinadas potencialidades y el que las capacidades se desarrollen en mayor o menor grado depende, sobre todo, de los estímulos que el niño reciba, tanto de los adultos como de su entorno. Evidentemente en la edad adulta aprendemos nuevas habilidades, sin duda, pero las aprendemos utilizando las conexiones neuronales que ya se establecieron en la etapa neonatal. Esto nos lleva a deducir que la estimulación para infantes con discapacidad, debe ser “especial, suficiente y oportuna” para que el niño la pueda asimilar y le aporte toda la información necesaria que le permita cimentar las bases de su personalidad.

Otra de las variables que ha de tenerse en cuenta, es la intensidad de las actividades que se realicen, obviamente en un niño con discapacidad deben ser mas constantes y de mayor duración.

La realización de una actividad para niños convencionales es completamente valida como actividad de estimulación para niños con discapacidad, al tener ambos en su infancia capacidad receptiva y al estar en desarrollo el sistema neurológico. La gran diferencia esta marcada por el tiempo que se tardan los niños en aprehender y asimilar el estimulo. Mientras que un niño convencional tarda dos meses aproximadamente, un niño con discapacidad tardara el triple y en la misma proporción deben ser las actividades. Por ejemplo si a un niño convencional se le realizan dos actividades diarias de percepción, a un niño con discapacidad se le realizarán seis actividades; esta es la proporción que se maneja entorno a tiempos e intensidades.

  Niños Convencionales Niños con discapacidad
Tiempo de estimulación temprana para obtención de resultados
2 meses 6 meses
Intensidad de la actividad 5 actividades 15 actividades
Tiempo cronológico 0 - 2 años 0 - 6 años

Actividades de estimulación Desarrollo perceptivo
Desarrollo motor fino y grueso
Desarrollo del lenguaje y cognitivo
Ambiente Familiar, acogedor y propicio para el aprendizaje

Finalmente, es necesario precisar que el pronóstico de cada infante está sujeto, por una parte, a lo precoz que haya sido la iniciación de las intervenciones terapeúticas, a la calidad del programa de habilitación (planeación, tipo de estímulo, frecuencia, intensidad y duración), a la resonancia y compromiso familiar con el programa propuesto, y por otra parte al grado de daño neurológico que haya ocasionado la lesión.

Además de la atención directa, individualizada y personalizada de los niños, Crisálida ofrece asesoría a las entidades educativas regulares a las que asisten nuestros niños, dando a los educadores elementos que les permita aplicar en sus métodos pedagógicos principios terapéuticos como herramientas del trabajo cotidiano.

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